viernes, 7 de julio de 2017

LAPIDA FUNERARIA DE TRUJILLO

LÁPIDA FUNERARIA.

            Procede de una villa romana (Finca Trujillo en Librilla). El desarrollo cronológico del yacimiento es muy amplio, ya que presenta materiales desde el siglo II a.C. al III d.C.
            Se trata de una inscripción funeraria realizada en una placa de mármol blanco, fragmentada y algo erosionada. Se ha perdido alrededor de un tercio de la inscripción, en donde debería figurar el nombre del difunto y posiblemente del dedicante. 
     El epígrafe presenta una ordinatio cuidada. El tipo de escritura es capital actuaría fechable en el siglo II d.C. Como interpunción presenta dos hederae compuestas por una serie de líneas horizontales (similares a las de algunas inscripciones de la Bética y de la Cueva Negra de Fortuna en Murcia).
             Las líneas conservadas parecen coincidir con principios dehexámetros. Con todo, se constatan algunos fallos prosódicos (en praecesseris y ómnibus) que no son raros en las inscripciones métricas, así como vacilaciones en el empleo de las correspondientes cesuras.

Transcripción. (Según la reconstrucción de Schmidt):

D (is). M (anibus).s (acrum)
quod caeleste fuit caeli con (scendit in auras)
quod vero est terrae totum (terrenum sepulcrum)
cepit ( hedera) praecesseris an se ( ro sequaris ad Manes)
una via est omnibus mo(rtis ne fata querraris)
Spes et Vita valete alios q (uos ludificetis)
(qua) erite (hedera) mar m (---)
(---) ir vicxit (---)
-----------?.

Traducción

Consagrado a los Dioses Manes.
lo que una vez perteneció al cielo a lo alto del cielo subió;
lo que era de la tierra lo tomó por entero la tumba terrenal.
No importa si te has adelantado o si tardas en seguir hasta el reino de los muertos.
Un solo camino hay para todos. No te quejes de nuestro
sino mortal.
Esperanza y Vida ¡Adiós!, buscad otros de quienes burlaros….
……..vivió….

miércoles, 28 de junio de 2017

PRIVILEGIO RODADO DE ALFONSO XI DONANDO LIBRILLA A LA CIUDAD DE MURCIA

1336-XII-29, Valladolid.

Privilegio rodado de Alfonso XI haciendo donación de Librilla a la ciudad de Murcia. (A.M.M. Priv. 106).
Destacando la importancia de los documentos concedidos por los reyes, en el Archivo Municipal de Murcia existe un privilegio rodado concedido por Alfonso XI haciendo donación de el pueblo de Librilla a la ciudad de Murcia.

En el mapa de los señoríos del reino de Murcia entre 1266 y 1296, fecha en que se produce la invasión del territorio murciano por las tropas aragonesas de Jaime II, Librilla queda como señorío de Ferran Vicente en 1282, hasta el 31 de mayo de 1296 donde tras varios días de cerco la fortaleza capitulo. A partir de aquí el 1 de Febrero de 1301, el rey Jaime II concede  a Juan Martínez de Luna noble importante en la corona aragonesa perteneciente a las cortes, la villa de Librilla.
             Aparece luego en tiempos de Alfonso XI como de don Juan Manuel (documento de 10 de Mayo 1327, carta de poblamiento y reparto de tierras otorgada por Alfonso Pérez, despensero mayor de don Juan Manuel, a los vecinos de Librilla, archivo ducal de Medina Sidonia Leg. 556), puesto que el infante había heredado de su padre, don Manuel, todos los señoríos que éste tenía en el reino de Murcia, junto con el titulo de adelantado. Pero estando el monarca en Lerma, recibe una carta del infante, en la que le decía que desnaturalizaba de sus reinos y que se apartaba de sus servicios, debido a que Alfonso XI había rechazado a su hija Constanza, para casarse con María, hija de Alfonso IV de Portugal. A partir de este momento, la historia de Librilla pasa por diversas vicisitudes.
             Ante la insurrección de don Juan Manuel, el rey escribe al consejo de Librilla con carta fechada el 9 de octubre de 1336 desde el real de Lerma, acogiéndose a sus servicios. Más tarde, pasa la villa al concejo murciano, pues el 29 de diciembre del mencionado año, el monarca escribe desde Valladolid, haciéndole donación de Librilla con todos sus términos y pertenencias, por todos los servicios prestados, confirmándose esta donación por otra carta fechada en Valladolid el día 1 de marzo de 1337.
            Pero no duraría mucho tiempo la villa en poder del concejo murciano, pues el 4 de junio de 1337, escribe el rey desde Mérida, ordenando al concejo, alcaldes y alguaciles de Murcia, que habiéndose perdonado a don Juan Manuel, se le reintegren todos sus bienes y que por lo tanto se le devuelva el lugar de Librilla, que se le había arrebatado en tiempos de guerra con el rey. Siendo también confirmada esta donación el 20 de julio de 1337, por carta fechada en Sevilla.
            A su muerte, don Juan Manuel, le deja a su hija Constanza, en su último testamento, la villa de Librilla entre otras muchas. Pero seguramente, al casarse Constanza con el infante don Pedro de Portugal, hijo de Alfonso IV, pasarían todos sus bienes a su hermana Juana Manuel, esposa de Enrique II, el cual al ser proclamado rey el año 1369, hizo grandes donaciones dándole a Alfonso de Aragón, conde de Denia, el marquesado de Villena y el señorío de Librilla.
            Como consecuencia de esta merced, en el año 1380, aparece como dueño de Librilla, don Alfonso de Aragón, a quien le fue comprada la villa por Alfonso Yañez Fajardo, al primero, y a su esposa Teresa Rodríguez de Avilés, lo que consta en la escritura de venta que se hizo en Gandia, el miércoles último día del mes de julio de 1381.
             La casa de los Fajardos, a partir de este momento, fundó en esta villa su mayorazgo, siendo el primero de los que tuvo esta ilustre familia en el reino de Murcia.

No hay ningún documento concreto que  diga cuándo este pueblo se hizo villa, pero la obra titulada Fundamentun Eclessia Carthaginensis, ordenada por el obispo Diego de Comontes, que ocupó la silla Carthaginense durante los años 1447 a 1458, ya consta como tal.



lunes, 10 de abril de 2017

LA SEMANA SANTA EN LIBRILLA AÑOS 50

LA SEMANA SANTA DE LIBRILLA, MODELO DE MISTICISMO Y FERVOR (LINEA 25-3-1956)

            Con la gentil primavera llegan los días en que se conmemora la Semana Santa, Sevilla, Valladolid, Málaga, Murcia… España entera se estremece de emoción ante los “pasos”, en general magníficos, que representan la Pasión de Cristo, ante los de las Dolorosas, tristes y afligidas, que con tan expresiva realidad tallaron nuestros escultores.
            La belleza espiritual de la Pasión también adquiere en las localidades pequeñas parecida emoción y dramatismo. Así en Librilla, el pueblecito murciano de rancia tradición, porque Librilla es un pueblo intensamente cristiano, y porque de su ser florece radiante el sentimiento religioso de una colectividad plena de virtudes humanas.
            Hay que darse cita en Librilla para poder sentir la emoción recogida y solemne de la Semana de Pasión. El sencillo y noble espectáculo que supone el desfile de sus cofradías es una sublime sinfonía de color y de luz, de suntuosidad y belleza de místico dolor y profunda emoción en las noches serenamente primaverales de este maravilloso marco murcianismo que es Librilla.
            La Semana Santa de Librilla, que se viene celebrando todos los años con gran esplendor, constituye un auténtico acontecimiento de fervor popular que se manifiesta por la verdadera devoción que siente todo el pueblo por sus imágenes como especial motivo de tradicional misticismo y emoción. De nuevo esta en pie el alma de Librilla como motivo devoción, eco y germen de alientos materiales que vuelven a florar gozosamente, ante la Resurrección del señor. Toda la Semana Santa se manifiesta como un verdadero exponente del sentir religioso del pueblo, que vibra en todo su ser cuando las Hermandades, hacen sus desfiles procesionales, en tanto que desde un recóndito balcón un fervoroso pecho cristiano lanza al viento una triste “saeta” hundida de amor y de poesía, que constituye todo un romance popular, toda una copla de la más pura liturgia española.
            Y Librilla se entusiasma cuando hace su aparición el Redentor rodeado de claridad, resplandeciente, iluminada su faz dolorida, donde observa la angustia del hombre ante la muerte mientras allá, en lo más alto de la bóveda celeste, su excelsa imagen la de Dios, se adivina como símbolo de su infinito poder, de su infinita y divina grandeza.
                DESFILES PROCESIONALES
            El jueves Santo comienzan en Librilla los desfiles procesionales celebrándose, a las nueve de la noche, y siguiendo el itinerario de costumbre, la solemne procesión. Figuran en ella los tronos de Nuestro Padre Jesús de Nazaret del divino Cautivo, San Juan y la Dolorosa, presididos por sus mayordomos y acompañados de sus respectivos cofrades.
            A las doce de la noche, solemne procesión del silencio, en cuyo cortejo el paso de Jesús en la Cruz; de gran devoción entre el vecindario, y cuyo desfile es fervorosamente seguido por la multitud.

            El Viernes Santo, a las nuevo de la noche, último desfile con los pasos del Divino Cautivo, San Juan, Santo Sepulcro y la Dolorosas, con sus respectivos mayordomos, cofrades y demás acompañamiento, que seguirán el itinerario ya tradicional.

martes, 4 de abril de 2017

DESCRIPCIÓN DE LIBRILLA 1850 PASCUAL MADOZ.

Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Región de Murcia. 1850.


“Con ayuntamiento en la provincia de Murcia, partido judicial de Totana, perteneciente a la diócesis de Cartagena. Se halla situado en terreno un tanto desigual en forma de un cuadrilátero, separado de sus arrabales por un gran barranco que se cruza por un puente de cal y canto de un solo ojo; su Clima es templado; goza de buena ventilación reinando especialmente los vientos de N y O. siendo las tercianas y pústulas manignas las enfermedades mas comunes. Se compone de unas 420 casas de las del arrabal formando cuerpo de población repartidas en diversas calles, siendo la más notable la que de E. a O. cruza toda la villa por la que va el camino general de Murcia a Granada: tiene casa consistorial, cárcel, posito y casa tercia, una posada sumamente capaz de buena construcción; escuela de niños y otra de niñas. Iglesia parroquial de 2ª clase San Bartolomé servida por un cura y sacristán, y por último un cementerio que en nada perjudica a la salud pública. Hay 3 ermitas donde los fieles oyen misa. Los vecinos de esta villa se surten del agua común con que fertilizan una poca huerta, la que nace en jurisdicción de Mula y la traen por medio de cañerías. Cuenta  con una grande heredad con molino de aceite llamado Cañada Onda y la venta de Ángeles á la distancia de ¼ de legua. El terreno puede dividirse en 3 clases; su mayor parte es de secano, más alrededor de la población tiene varios trozos de riego. La correspondencia se recibe de la administración de Murcia 3 veces en la semana, llevada por el conductor que pasa con toda la de Andalucía. La producción es: trigo, cebada, panizo y maíz, aceite y algunas legumbres y hortalizas; hay muy poco ganado lanar y cabrío el necesario para el consumo, y poca caza. La industria será la agrícola, algunos molinos harineros y 6 de aceite llamadas almazaras y una fabrica de salitre. La población es de 717 vecinos. El presupuesto municipal es de 11.000 reales y se cubren con 524 del producto de yerbas, 3,500 de la renta de panadería y el déficit por reparto vecinal”.

lunes, 27 de marzo de 2017

TESTIMONIOS ORALES DE LOS ECOS HISTÓRICOS DE LA BANDA DE MÚSICA DE LA FAMILIA ESPADA. (Antonio Romero el Marcelo).



Recuerdo en los años 1947-48 en el  teatro (el cine del tío chico) donde estaba la escuela de música, el maestro Baltasar Espada nos daba clases de solfeo a los niños que queríamos iniciarnos en la música, Paco (Pedreño), Paco (el chulo), Antonio Franco, Pepe (el calabazo), y yo entre otros varios.
Entonces había una gran banda de música, y nosotros éramos la nueva generación que fue sustituyéndolos.
La banda de Librilla hacia los festejos en muchos pueblos de la región por su gran calidad musical, era importante y conocida. Las fiestas de Sangonera la Verde, de Fuente Librilla, Barqueros, El Berro, Los toros de Lorca y otras que ya ni me acuerdo.
Una anécdota del maestro Baltasar Espada que mi padre Antonio el Marcelo me conto en varias ocasiones;  fue que en una ocasión vino el maestro Serrano a estrenar en el Romea de Murcia, una zarzuela, el maestro Espada era el trompa principal de la compañía del Romea, llegó con antelación y se puso a ver la partitura, cuando le dio un repaso se salió a las tabernas que había enfrente del Romea, esperando a que llegaran el resto de compañeros. Cuando llegó el maestro Serrano comenzaron el ensayo, pero el maestro Baltasar (el trompa de la orquesta) no estaba, y  pregunto por él. Estando ensayando llego el maestro Espada, el maestro Serrano le dijo molesto que habían comenzado el ensayo y él no estaba, y él le dijo que ya lo había ensayado, el maestro Serrano se quedó un poco extrañado, y comenzaron de nuevo el ensayo, cuando llego el momento del solo del trompa todos se sorprendieron y el maestro Serrano le dijo al maestro Espada puede irse usted cuando quiera, sabe usted más música que todos los que estamos aquí.
El maestro Espada tocaba todos los instrumentos de la banda siendo su especialidad la Trompa, el cual fue considerado el mejor trompa de España de la época.
Al tiempo, cuando el maestro Espada enfermo, se quedó al frente de la banda su hijo Blas Espada. Entre el Chato y el Feo formaron otra banda de jóvenes, Justo Meroño, José el zapatero, Juan (el de la Concha), los hermanos Lara, José (el pinche), José el Hipólito, Juan Mejías etc.
En el año 1967, José me llamo para volver a formar la banda de música que tras la muerte del maestro Espada se había ido disolviendo poco a poco.
Busque a unos cuantos de los últimos formados, y otros entraron nuevos que se fueron formando. Así volvió a formarse la banda de música de Librilla.
Félix San Mateo tomo la dirección de la banda entre las décadas de los ochenta y noventa. Vinieron  dos maestros a formar a los jóvenes.
Hoy en día queda un resquicio de lo que fue la banda de música de Librilla, en ellos aún se ve la pasión de la música en este pueblo.
            Siguiendo el artículo realizado por el maestro de música librillano Félix San Mateo, en los años 80 dando testimonio de la gran importancia de la dinastía de la familia Espada como una institución de la música en la Región de Murcia. Haciendo un poco de historia tendremos que remontarnos a principios de este siglo para llegar a las fechas en que, por obra de D. Vicente Espada fuese fundada la Banda Municipal de Música de Librilla. Desde entonces, y como resulta fácil imaginar, muchos y de muy diversos índole han sido los avatares acontecidos y sufridos por esta agrupación. Fue su época de mayor esplendor y brillantez artística en las dos décadas anteriores y posteriores a nuestra guerra civil, cuando por aquel entonces ya era dirigida por la gran batuta del insigne músico Baltasar Espada Cánovas, hijo del mencionado con anterioridad maestro fundador y con el cual llegó a conseguir el preciado galardón de banda laureada.

            Según nos cuentan los que vivieron por aquella época, parece ser que el poder pertenecer como componente a la banda de Música era signo que gozaba de gran interés y aliciente popular, pues aparte que existía una gran afición por la música, influía también en que esta era la única y mayor distracción, supuesto que en aquellas fechas se carecía de cualquier otro medio de expansión, por lo que este también fue un motivo importante para que un noventa por ciento de la población masculina intentase, con más o menor éxito, aprender, el solfeo de rigor y después la ejecución de algún instrumento musical, alcanzando de esta manera la Banda de Música las más altas cotas de su historia. Pero, como es natural, y supuesto que todo en la vida necesita ser renovado, tuvo que hacerse caro de las riendas musicales de la banda por enfermedad del inolvidable maestro Espada su hijo Blas Espada López, llegando la agrupación, por causas ajenas a la voluntad de sus componentes y por ciertos problemas con algunos entes oficiales del pueblo, a su total desaparición en los primeros años de la década de los sesenta, por lo que en un período no inferior a los doce años todas las músicas que para las fiestas de San Bartolomé se contrataban tenían que venir desde fuera de nuestros lares.

viernes, 24 de febrero de 2017

DESARROLLO DE LA ILUMINACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LIBRILLA

            Al igual que en otras muchas localidades, escasean los documentos históricos debido a diversas circunstancias: incendio fortuito, destrucción intencionada, robo, venta como papel, etc. Salvo los grandes municipios como Cartagena, Murcia y Lorca, el interés por la documentación ha sido más bien escaso, al menos en lo que se refiere a su catalogación. En el caso de Librilla ese tipo de circunstancias adversas  ha sido la causa de que sólo se disponga de escasa información, y además parcial, a partir de 1895. En este año y, en los tres siguientes, las actas capitulares no hacen referencia, en ningún momento, al alumbrado público. Las  primeras  alusiones aparecen en abril y mayo de 1899 hablando de la conveniencia de colocar un farol en la calle Clemente, en el arrabal, a fin de que ilumine la muralla y la cuesta que existe en la calle de Martínez puesto que era un lugar de peligro. Al mismo tiempo se producían quejas, de parte del vecindario, porque no se encendía el alumbrado público. La causa era la falta de medios económicos que no permitían atender el servicio. No obstante, se hizo un esfuerzo y en mayo y junio se compraron 48 litros de combustible a  Pedro Contreras Martínez, al que por cierto no se le pagarían las 54,30 pesetas hasta cuatro años más tarde (julio de 1903).
    El alumbrado público se regularizó con la llegada de la electricidad. En diciembre de 1909 el Alcalde, Salvador García Lorente, daba cuenta del contrato firmado con Ricardo Villar Toboso, a fin de que el nuevo sistema comenzara a iluminar la localidad a partir de enero de 1910 con el fluido producido en el Molino de la Rosaleda, situado a las afueras de Librilla, con un motor de gas. El precio anual sería de 1.125 pesetas.
       En esos primeros años de electricidad el encargado de Ricardo Villar, en Librilla, era Francisco Asensio Herrero. Poco a poco, el alumbrado se fue extendiendo y, como consecuencia, aumentando la partida presupuestaria  que de 1.887,50 pesetas anuales aumentó a 3.500 pesetas a partir del año económico 1922-23.
RICARDO MONTES BERNARDÉZ

miércoles, 2 de noviembre de 2016

100 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DON ANTONIO LORENTE TURÓN

100 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DON ANTONIO LORENTE TURÓN PESONAJE ILUSTRE DE LIBRILLA. REALIZO LA DONACIÓN DE LOS TERRENOS DEL ACTUAL CEMENTERIO MUNICIPAL DE SAN BARTOLOMÉ.


DON ANTONIO LORENTE TURÓN


            Rafael y Antonio de la Presentación (1844-1916), hijo de D. Rafael Lorente López, natura de Librilla y Dª Rosario Turón Pérez de la ciudad de Murcia. Don Antonio, nombre por el que el pueblo lo conocía, descendía por línea paterna de familias con profundas raíces librillanas.
            Durante su niñez creció en el seno de un hogar acomodado, donde recibió una buena educación, sin que hiciese estudios universitarios. Contrajo matrimonio con D.ª Concepción Lapazarán Samanigo, de Madrid.
            Pasó su vida entre Librilla y Murcia con algún viaje a Madrid. Recibió de sus progenitores una herencia muy holgada, pues su padre librillano era un gran hacendado, fue Diputado en la época de Isabel II, durante la Década moderada (1844-54), con el Gobierno del general Narváez, Constitución de 1845, la cual contemplaba el voto censitario, y por ello debía pagar una contribución bastante elevada, de aquí que le cupiera ese honor de poder votar. Así pues, era propietario de bastantes y extensas fincas en la villa. Consta en los censos como uno de los mayores contribuyentes en la parte rústica, y también se deduce por el extenso patrimonio dejado a sus hijos.
            Estaba emparentado con la familia Melendreras, pues una de sus hermanas, Josefa, estaba casada con D. Antonio Melendreras López, abuelos por línea paterna de D. Luís y D. Francisco Melendreras Sierra.
            Antonio amaba Librilla, le gustaba vivir en el pueblo y enterarse de sus problemas e incluso arrimar el hombro en los casos de necesidad. Debió ser un hombre educado, amable, accesible y generoso, al recoger el sentir del contenido de las dos actas que se citan a continuación, y pensamos que podía ser que en épocas de escasez ayudara materialmente a bastantes de los vecinos del pueblo, a sus propios caseros o a gentes que llevaran algunas de sus tierras a renta. Pero además de esto, esta filantropía la transmitió a su familia, pues su hijo, D. Antonio Lorente Lapazarán, donó en honor de su padre los terrenos en 1917 donde se ubica el actual cementerio de San Bartolomé.

            Siendo Alcalde D. Salvador Lorente Ruiz  en la sesión del 9 de enero de 1917 se expresaba el deseo de dedicar una calle a D. Antonio Lorente Turón. Y es el concejal D. Benito Bastida Gil el que “propone a sus compañeros dedicar una calle de este pueblo a D. Antonio Lorente Turón que tantos beneficios hizo por sus vecinos y que siempre fue el primero en enjugar las lágrimas de todos: Los concurrentes han oído con gusto la moción de su compañero y después de discutir con gusto á que calle habían de dar este nombre, acuerdan por unanimidad que sea a la calle del Olmo.


BIBLIOGRAFÍA.  García Provencio Francisco Librilla. Miscelánea Histórica 2009.