viernes, 24 de febrero de 2017

DESARROLLO DE LA ILUMINACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LIBRILLA

            Al igual que en otras muchas localidades, escasean los documentos históricos debido a diversas circunstancias: incendio fortuito, destrucción intencionada, robo, venta como papel, etc. Salvo los grandes municipios como Cartagena, Murcia y Lorca, el interés por la documentación ha sido más bien escaso, al menos en lo que se refiere a su catalogación. En el caso de Librilla ese tipo de circunstancias adversas  ha sido la causa de que sólo se disponga de escasa información, y además parcial, a partir de 1895. En este año y, en los tres siguientes, las actas capitulares no hacen referencia, en ningún momento, al alumbrado público. Las  primeras  alusiones aparecen en abril y mayo de 1899 hablando de la conveniencia de colocar un farol en la calle Clemente, en el arrabal, a fin de que ilumine la muralla y la cuesta que existe en la calle de Martínez puesto que era un lugar de peligro. Al mismo tiempo se producían quejas, de parte del vecindario, porque no se encendía el alumbrado público. La causa era la falta de medios económicos que no permitían atender el servicio. No obstante, se hizo un esfuerzo y en mayo y junio se compraron 48 litros de combustible a  Pedro Contreras Martínez, al que por cierto no se le pagarían las 54,30 pesetas hasta cuatro años más tarde (julio de 1903).
    El alumbrado público se regularizó con la llegada de la electricidad. En diciembre de 1909 el Alcalde, Salvador García Lorente, daba cuenta del contrato firmado con Ricardo Villar Toboso, a fin de que el nuevo sistema comenzara a iluminar la localidad a partir de enero de 1910 con el fluido producido en el Molino de la Rosaleda, situado a las afueras de Librilla, con un motor de gas. El precio anual sería de 1.125 pesetas.
       En esos primeros años de electricidad el encargado de Ricardo Villar, en Librilla, era Francisco Asensio Herrero. Poco a poco, el alumbrado se fue extendiendo y, como consecuencia, aumentando la partida presupuestaria  que de 1.887,50 pesetas anuales aumentó a 3.500 pesetas a partir del año económico 1922-23.
RICARDO MONTES BERNARDÉZ

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